Tecnología

un tren de alta velocidad que flotaba en el aire

El ser humano siempre ha querido llegar del punto A al punto B en el menor tiempo posible. Los trenes de alta velocidad han logrado este propósito alcanzando velocidades impensables cuando se puso en marcha el primer tren a vapor alimentado con carbón. Y, por el camino, han surgido alternativas que pretendían superar las limitaciones físicas de los trenes eléctricos actuales. Como, por ejemplo, los trenes de levitación magnética o el aerotrén francés, un tren que flotaba en el aire y que podía alcanzar velocidades considerables.

La historia del aerotrén francés, no confundir con el aerotrén de Ciudad de México, es similar a la del Transrapid. Una buena idea, puesta en práctica con varios prototipos, pero que nunca termina de hacerse realidad. Salvo en exposiciones y museos. Si el Transrapid era una propuesta alemana, el aerotrén surge en Francia, un país que cuenta con una extensa red de alta velocidad y uno de los trenes más rápidos del mundo, solo superado por los trenes chinos y japoneses. Pero antes de alcanzar las velocidades actuales, el ingeniero francés Jean Bertin quiso crear el tren más rápido superando las barreras de la física haciendo que el tren flotara en vez de deslizarse por la vía.

Tras varios diseños, maquetas y prototipos a tamaño real con líneas de pruebas, parecía que el aerotrén iba a hacerse realidad. Incluso iba a formar parte del entramado de transporte público parisino y europeo. Pero el contexto del momento, la crisis económica y los posteriores recortes e intereses creados entorno al tren de alta velocidad francés, hicieron que la tecnología de trenes flotantes quedasen aparcados como un recuerdo de un futuro pasado que pudo ser. Esta es la historia del aerotrén francés.

El nacimiento del aerotrén

Maqueta a escala del aerotrén

El transporte ferroviario siempre ha tenido un problema. En realidad, cualquier tipo de transporte. La resistencia o fricción del pavimento, en una carretera, o de la vía, en el caso de un tren. Algo inevitable, ya que los trenes y los automóviles no vuelan. Los trenes magnéticos pretendían resolver este inconveniente mediante levitación magnética. Y el aerotrén, como dice su nombre, iba a permitir que los trenes viajaran a gran velocidad evitando esa resistencia. Volando. O, mejor dicho, flotando sobre un cojín de aire. Un principio similar al del clásico juego de discos flotantes de los salones de juegos. También conocido como mesas de aire, air game o hockey de mesa.

El responsable de querer aplicar la levitación por aire al ferrocarril fue el ingeniero francés Jean Henri Bertin. Este tipo de vehículo se conoce técnicamente como Tracked Air Cushion Vehicle (TACV), es decir, vehículo con cojín de aire con seguimiento. O hovertrain. Ya que emplea un sistema de flotación similar al de los vehículos conocidos como hovercrafts. En la actualidad podemos encontrar esta clase de trenes alrededor del mundo para trayectos relativamente cortos. Siendo más una curiosidad que un sistema extendido.

Volviendo a Jean Bertin, su primer prototipo lo mostró en 1963 a los responsables públicos franceses y, en especial, a la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses, la agencia estatal responsable de la red de ferrocarril de Francia. Se trataba de un modelo a escala 1/12. El tren levitaba con aire y se movía a través de una vía en forma de T invertida. En vez de las tradicionales vías actuales. Y al no haber fricción alguna, los cálculos de Bertin prometían unas velocidades de 200 kilómetros por hora. Muy superiores a los trenes de la época.

El primer aerotrén a escala humana

El aerotrén 01, primer prototipo

La presentación del aerotrén logró satisfacer la curiosidad de los responsables de la SNFF, de manera que en adelante, Bertin y su equipo diseñaron y fabricaron varios prototipos. Algo indispensable para hacer realidad las promesas sobre plano, realizar las convenientes pruebas de velocidad y seguridad, etc. El objetivo último era que Francia tuviera aerotrenes uniendo ciudades por todo el territorio. 

O ese era el sueño de Bertin y su empresa, Bertin & Cie. Fundada en 1955, se centró principalmente en el desarrollo del aerotrén. En cuanto al currículum de Jean Bertin, nacido en Francia en 1917, había estudiado en la Escuela Politécnica y en la Escuela Nacional Superior de la Aeronáutica y el Espacio. Y desde 1944 había trabajado para la Sociedad Nacional Francesa para el Desarrollo de Motores Aeronáuticos.

Tres años después de mostrar su maqueta a escala, en 1966, el equipo de Bertin construye sus dos primeros prototipos. El aerotrén 01 y el 02. A escala 1/2, el Aerotrén 01 medía más de 10 metros de largo y pesaba 2,6 toneladas. Y se puso a prueba en una vía de 6,7 kilómetros, aprovechando una vía de tren abandonada. En el departamento de Essonne, al norte de Francia. Para mover esta máquina, emplearon una hélice reversible de tres palas propulsada por un motor de avión de 190 kilovatios. Y la flotabilidad se lograba mediante dos compresores de 35 kilovatios. El modelo inicial tenía cuatro plazas para pasajeros y dos para la tripulación. Y en las pruebas realizadas, alcanzó velocidades de 345 kilómetros por hora. El aerotrén 02 lo superó, llegando a 422 kilómetros por hora. Pero era necesario crear más prototipos.

El proyecto avanza a toda velocidad

Aerotrén I80 en 1969
Credit: Phil – Archives Association des Amis de Jean Bertin / Wikipedia

Los buenos resultados de los primeros prototipos hacen que las autoridades responsables inviertan más dinero en el proyecto. Lo que permite construir una segunda vía de pruebas. De aluminio y asfalto, y con una longitud de 20 kilómetros, la obra finaliza en 1969. Al norte de Orleans. Esta vía fue inaugurada por el tercer prototipo de aerotrén, el S44. A escala 1/1, alcanzaba velocidades de 200 kilómetros por hora. Y lo propulsaba un motor de inducción lineal.

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