Comunidad Informativa
Salud

Sexo con seso: la inteligencia sexual

Una vez liberados de las mentiras del sexo, el segundo paso hacia una vida sexual mejor se halla en descubrir nuestro propio sexo, esto es, averiguar qué nos atrae, qué nos excita, qué preferimos y qué facetas de nuestra conducta erótica nos plantean dificultades. Conrad y Milburn definen este pilar de la inteligencia sexual como consciencia del Yo sexual secreto. Éste alberga los verdaderos pensamientos, sentimientos y emociones que hacen que la vida amorosa sea más gratificante. Pero, como advierten estos expertos, los auténticos deseos sexuales quedan encubiertos con demasiada frecuencia por diversos motivos. Por ejemplo, el Yo sexual secreto puede verse condicionado de forma negativa por experiencias desagradables que ocurrieron en el pasado, por necesidades emocionales insatisfechas o simplemente por mitos o imágenes falsas de la sexualidad humana que se difunden a través de los medios de comunicación. A este último respecto, la pareja de psicólogos estadounidense pone de relieve cuatro mitos de origen mediático instalados en la sociedad y que resume en esta frase: “Sharon Stone no hace el amor mejor que las demás mujeres”. El cuarteto de bulos mediáticos es el que sigue: primero, que todos los demás tienen más y mejores relaciones sexuales; segundo, que nuestro cuerpo no es perfecto; tercero, que todos los problemas quedan resueltos si se logra acceder a un “sexo de película”; y cuarto, que, si es necesario, el sexo se puede lograr por la fuerza. Los jóvenes son especialmente receptivos a este tipo de mensajes.

“Los conflictos con la figura corporal resaltan especialmente como problemáticos entre los púberes, pues pueden dar lugar a casos de anorexia, bulimia o ambas cosas; vigorexia y dimorfía o incomodidad con el propio cuerpo”, advierte el profesor Félix López, catedrático de Psicología de la Sexualidad de la Universidad de Salamanca. Sin duda alguna, uno de los principales retos de los educadores sexuales está en enseñar a los alumnos a distinguir el sexo ficticio del real.

Cuando se practica el erotismo que se ve y no el que se siente, el fantasma de la decepción –y de la disfunción– hace acto de presencia. En este sentido, el desarrollo del intelecto erótico ofrece la posibilidad de discernir las conductas sexuales auténticas de las impostoras, que se instalan en la mente como polizones. “Las personas sexualmente inteligentes son capaces de advertir, por ejemplo, cuándo sus deseos eróticos están sustituyendo a carencias emocionales que no son sexuales, como la falta de autoestima, de seguridad o de poder. Saben cuándo tienen relaciones sexuales simplemente porque se sienten solas”, afirman en su obra Conrad y Milburn.

El tercer y último pilar de la inteligencia erótica tiene que ver con la conexión con los demás. El sexo es cosa de dos, cuando no de más. “Mantener una vida sexual enriquecedora implica a otras personas”, comentan Conrad y Milburn. Para adquirir una buena habilidad y dominio de la sexualidad, tanto en lo que se refiere a la relación de pareja como consigo mismo, hay que abrirse a los demás. Esta deficiencia ya hace acto de presencia en la adolescencia: las relaciones interpersonales y afectivas constituyen uno de los problemas más comunes en esta etapa del desarrollo, ya que a menudo implican soledad emocional y social, frustraciones amorosas y dificultades para la seducción y la intimidad difíciles de afrontar, según el profesor López.

Conrad y Milburn aseguran que una persona no alcanza un alto grado de inteligencia sexual hasta que domina ciertas habilidades sociales o interpersonales, que incluyen, entre otras cosas, la capacidad de hablar con la pareja sobre la vida sexual y de comprender el Yo erótico del amante. “La inteligencia sexual implica aprender a ser sinceros con nosotros mismos y con nuestra pareja, sobre quiénes somos sexualmente.” Una vez más, la sociedad pone zancadillas a esta meta, pues como aseguran estos psicólogos “una de las cosas que la mayoría de las personas aprende a una edad temprana en su familia es a no hablar de sexo. La idea de que los sentimientos sexuales son, literalmente, innombrables es uno de los mitos que ejerce de barrera, tanto para conocer esos sentimientos como para hablar de ellos”. En cierto modo, los parámetros sociales que dictan lo que es “correcto” y lo que es “anormal” hacen que muchas personas silencien sus verdaderos deseos y fantasías sexuales por temor al rechazo de la pare-ja. En su investigación, Conrad y Milburn descubrieron, por ejemplo, que sólo la mitad de los encuestados pensaba que otras personas tenían fantasías sexuales parecidas a las suyas; el 19 % aseguraba que se sentiría muy violento e incluso “horrorizado” si alguien conociera la naturaleza de sus ensueños eróticos y un 12 % confesaba que jamás se los contaría a su pareja.

Para los autores, estos datos evidencian lo corriente que sigue siendo avergonzarse de la propia sexualidad. “Cuando reprimimos y ocultamos esta parte de nosotros, los resultados son tan destructivos como cuando mantenemos encerradas las emociones. Perdemos el sentido de quiénes somos y despojamos nuestra vida de autenticidad y pasión“, comenta la pareja de investigadores. De nuevo, la inteligencia sexual permite no caer en este silencio sexual capaz de dañar la relación amorosa.

Fuente

Publicaciones Relacionadas

¿Cómo es la recuperación tras enfermar por coronavirus?

Montalvo: RD tendrá de 561 nuevas camas para enfermos de COVID-19

Extienden la cobertura de atenciones médicas a trabajadores suspendidos

%d bloggers like this: