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recomendaciones para alérgicos y asmáticos

Los datos que tenemos por el momento sobre la enfermedad no parecen indicar que ser alérgico conlleve mayor riesgo de contraer la infección por coronavirus. De hecho, el sistema inmunitario de una persona alérgica funciona como el de una persona no alérgica con respecto a su función de defensa frente a microorganismos”, apunta Ojeda.

El estado de alarma declarado en nuestro país el pasado 14 de marzo que prohíbe salir a la calle excepto para ir al médico, al trabajo, a cuidar a quien lo necesite, a comprar productos de primera necesidad y sacar al perro para que haga estrictamente sus necesidades fisiológicas beneficiará los pacientes alérgicos pues reducirá considerablemente su exposición a pólenes. Según la SEAIC, los alérgicos van a necesitar usar menos medicamentos para la alergia pero insisten en que deben “ser cumplidores con su medicación para el asma. Además, esto hay que completarlo con las medidas para reducir los niveles de pólenes en el interior de los domicilios”.

Las recomendaciones para reducir los niveles de pólenes en el interior son las siguientes:

No se deben ventilar las casas entre las 12 y las 17 horas porque son las horas con mayor cantidad de pólenes en la atmósfera, debido al aumento de luz y temperatura.

– La utilización de purificadores de aire en los domicilios también puede contribuir a la disminución de la exposición a los pólenes en el interior.

La SEAIC también señala que las restricciones a la movilidad van a reducir la contaminación que producen los vehículos diésel así como otras emisiones industriales, responsables del agravamiento de los síntomas alérgicos en las grandes ciudades.

Las personas con asma, por su parte, sí que deben extremar las medidas de precaución. La razón de esto es que sus vías respiratorias son más susceptibles a las infecciones, sobre todo las de tipo vírico y, recordemos que el COVID-19 es un virus. Si un asmático sufre una infección respiratoria, la inflamación de sus bronquios será mayor que la que tendría una persona no asmática, con lo que aumenta la posibilidad de hiperreactividad bronquial y mayor riesgo de crisis asmática.

 “El coronavirus tiene una predilección especial por los pulmones y se podría inducir un mayor grado de inflamación en las vías respiratorias, mayor riesgo de crisis de asma y, posiblemente, mayor gravedad de la infección por el COVID-19”, afirma el doctor Ángel Moral, presidente del Comité de Aerobiología de la SEAIC.

Hacer el tratamiento irregularmente o dejar de tomarlo porque nos encontramos bien puede contribuir a que la inflamación de los bronquios empiece a descontrolarse, aunque inicialmente el paciente no se dé cuenta de ello. Esa leve inflamación puede motivar que los bronquios sean más susceptibles a las infecciones respiratorias”, alerta el doctor Moral.

Por tanto, sin que esto nos lleve a una situación de pánico, los asmáticos deberán ser especialmente disciplinados con las medidas generales de prevención del contagio por el nuevo coronavirus: lavado frecuente de manos con agua y jabón, evitar las relaciones interpersonales, el contacto con las personas que tengan síntomas de infección respiratoria (por leve que sea) y usar mascarilla si precisasen frecuentar zonas de mayor riesgo como centros sanitarios o urgencias.

Diferencias entre alergia, catarro e infección por coronavirus

Según la SEAIC, la diferencia principal está en el tipo de síntomas y su curso.

Los síntomas de la rinitis alérgica son fundamentalmente de picor nasal, muchas veces asociado a picor de ojos, estornudos repetidos, destilación nasal acuosa (típica agüilla) y congestión nasal de más o menos intensa.

Sabremos que es alergia, sobre todo producida por pólenes, porque los síntomas se recrudecerán cuando la persona esté al aire libre y mejorarán muchísimo cuando esté en lugares cerrados. Además, los síntomas de la rinitis alérgica suelen remitir con cierta rapidez tras la toma de antihistamínicos tópicos u orales. La presencia de fiebre es nula, salvo que se complique con sinusitis aguda.

En el asma, algunos síntomas aislados pueden ser la tos seca y la dificultad para respirar, algo que podría confundirse con los síntomas iniciales de la infección por el nuevo coronavirus, si bien en el asma tampoco tiene por qué haber fiebre. En esta misma línea, los síntomas del asma suelen revertir fácilmente con el uso del broncodilatador de rescate (salbutamol o terbutalina).

En el caso de un catarro, los síntomas pueden iniciarse como los de una rinitis: con congestión nasal, agüilla nasal y, a veces, estornudos. En general, van aumentando en intensidad en el espacio de 1 a 3 días y el moco evoluciona a espeso, verdoso-amarillento. Se va resolviendo progresivamente en el espacio de 3-4 días más, por lo cual, en más o menos 6-7 días estaría resuelto si no se complicase con sinusitis. Además, si no es un catarro más intenso no suele haber fiebre alta. Puede aparecer febrícula y acompañarse de algo de malestar general.

En el caso del nuevo coronavirus, los datos han demostrado que la sintomatología puede ser leve (similar al de un catarro leve) y más habitualmente con síntomas similares a los de una gripe: fiebre de moderada a intensa, malestar general y abatimiento, tos habitualmente seca, y puede asociar flemas y dificultad para respirar. Los síntomas son progresivos, y desde el inicio de su presentación ya suele asociar la sensación de malestar general, como cuando empezamos con una gripe.

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