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Hoy Digital – Plácido Domingo: senectud, virilidad y sexo


Lo aparecido en la prensa sobre Plácido Domingo y otros hombres célebres, ¿son simples casos de agresión sexual? Podría tratarse de problemas de complejidad mucho mayor que los etiquetados como “agresión sexual”.
Por años he sentido pena y preocupación por los que envejecen teniendo problemas de sexualidad insatisfecha o mal canalizada. O algo probablemente más común: falta de afecto femenino; que podría ser un Edipo senil que intenta retornar a la madre.
También las ancianas sufren carencias emocionales, afectivas o espirituales.
En una residencia para ancianos, delante de mí caminaba un joven de unos veinte, cuando una anciana vino hacia él, con ojos de lascivia, en actitud de asedio; para espanto del joven, y mío, desde luego.
Aparentemente, ni la sociedad, la psiquiatría, ni la geriatría se ocupan adecuadamente de los problemas de la sexualidad y la afectividad de los ancianos.
Abundan las noticias sobre menores abusados por familiares mayores o ancianos. Llaman grandemente la atención casos de famosos acusados de asedio y abuso sexual de mujeres en sus zonas laborales, que obligan a preguntarnos qué tanta necesidad tienen esos hombres de perturbar a una determinada mujer, habiendo tantas disponibles, a un costo relativo bajísimo; tanto mujeres decentes como profesionistas del sexo.
Produce fuerte disonancia cognitiva, mayúsculo desagrado y desconcierto que alguien de tan acrisolada personalidad como Domingo, sea siquiera vinculado a cierto tipo de conductas.
Pero el problema de la sexualidad en edad madura está lejos de ser tratado con la profesionalidad, franqueza y transparencia que amerita.
Existe gran tensión entre la masculinidad y virilidad de los varones mayores, y su pérdida de poder-status cuando envejecen. Al tiempo que, por otro lado, son víctimas de la excesiva utilización de la desnudez y sensualidad femeninas por la mercadotecnia. Ya que los mayores solo pueden ser víctimas de dicha excitación, pues para ellos no hay salidas decentes, culturales, institucionales. Las emociones ligadas al sexo suelen suponerse ajenas inclusive a pareja senil.
Al rey David le buscaron una doncella “para calentarles los pies durante el invierno”. A los hombres mayores, por razones físicas y culturales, se les aviva el ánimo ante la mujer joven. Pero el tema es tabú, y a cierta edad ni siquiera entre hombres se habla. Se da por supuesto que, a partir de cierta edad, el deseo sexual debe ser extinguido, por medios espirituales, psíquicos, o de disciplinamiento emocional que pocos hombres alcanzan (achaques y limitaciones pecuniarias aparte).
La sexualidad de los mayores debe ser tema de primer orden debido precisamente al constante aumento del promedio de vida. Especialmente si la maternidad y la “abuelitud” son roles en los que poco se entrena a los varones; lo que se agrava porque la convivencia familiar disminuye, y la soledad agobia a los mayores carentes de roles y oficios. Hombres que suelen carecer de preparación espiritual y psicológica para sus años maduros y finales.
La frustración de los ancianos, especialmente la sexual, puede producir episodios sumamente perturbadores. Especialmente, cuando esas “barbaridades” vienen de un querido abuelito. O de un ícono de multitudes.



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