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Por qué no debemos culpar a los murciélagos de la pandemia de COVID-19


El problema no son los animales sino nuestra relación con ellos

Una vez aclarado que, actualmente, ni hay evidencias de que los murciélagos puedan infectar directamente de COVID-19 al ser humano, ni de que sean el ancestro evolutivo del nuevo virus, es necesario pasar a la siguiente reflexión: independientemente de cuál haya sido la especie desde la que se haya producido el salto del nuevo coronavirus al hombre, el problema no son los animales, sino nuestra relación con ellos.

“Aunque los murciélagos hubieran sido la fuente de infección para los humanos”, continúa Echevarría, “eso tampoco sería motivo para estigmatizarlos, porque el verdadero problema está en que nosotros entramos en contacto directo con especies salvajes con las que no deberíamos”.

La explosión de la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto que el tráfico ilegal de especies y su venta en los llamados ‘mercados húmedos’ (con la mayoría de animales vivos) en condiciones antihigiénicas e insalubres facilitan la transmisión de nuevos virus al hombre. Ese es uno de los mecanismos por los que entramos en contacto con especies salvajes, pero el otro, y no menos relevante, es la degradación del medio ambiente.

 

La degradación de hábitats y la pérdida de biodiversidad amenazan nuestra salud

“Cuando destruimos un bosque, por ejemplo, estamos forzando a las especies que viven allí a ocupar otros espacios en los que vivimos nosotros, y facilitamos el contacto”, nos explica Echevarría. Además, la destrucción de hábitats también provoca la extinción de especies, que a su vez desencadena desequilibrios ecológicos de consecuencias impredecibles. “Algunas especies no sobreviven a la degradación de su medio y al desaparecer dejan nichos vacíos que ocupan otras. De forma paradójica, la extinción de unas especies provoca crecimientos desmesurados en la poblaciones de otras y todos estos procesos también pueden aumentar el riesgo de contagios de nuevas enfermedades”.

Un ejemplo de esto sería el aumento de la incidencia de la enfermedad de Lyme en EE UU. Se piensa que algunas especies de aves silvestres podrían haber sido reservorios de la enfermedad pero que, al disminuir sus poblaciones como consecuencia de la degradación del medio y aumentar paralelamente las poblaciones de roedores, que también son vectores y están en contacto más cercano con los humanos, se habría propiciado el salto.



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