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análsiis de la nueva película


Imagen: Square Enix.

 

El girito final

Conforme va avanzando la trama, hasta el espectador que esté rascándose la barriga y quitándose las legañas notará que hay determinados detalles que parecen desentonar. Puede que pasen desapercibidos o que algunos los justifiquen pensando que se trata de referencias al propio videojuego en el que se basa la historia, pero es mucho más. Como si de una reinterpretación de esa escena en la que Charlton Heston maldice las guerras y a la especie humana frente a una semiderruida Estatua de la Libertad, el espectador descubre que no está viendo una película basada en un videojuego, sino que se trata de una película sobre ese videojuego. Se da cuenta de que todo lo que ha visto hasta entonces no es el mundo en el que tiene lugar la trama, sino la experiencia que un joven jugador (Luca) está viviendo en un simulador de realidad virtual.

En lugar del siniestro Nimzo como enemigo final al que enfrentarse en el clímax de la película tenemos a un virus informático cuyo único fin es ridiculizar al protagonista y evidenciar que nada de lo que pasa en ese mundo de fantasía es real. Y llegamos a la verdadera esencia de la película; ese poderoso mensaje que se sobrepone a todo lo que ya se ha aprendido sobre la importancia de la familia, el sacrificio y el amor: lo que ocurre en el videojuego no es real, pero lo que siente el jugador cuando lo vive sí.

Son esos recuerdos (bien sazonadito todo con nostalgia) de la infancia, de las tardes jugando, de las victorias y las derrotas y de las decisiones tomadas las que consiguen que Luca plante cara a este virus y pueda completar la historia, su historia. Y no puedo hablar del final sin mencionar ese momento en el que, para hacer frente al enemigo final, aparece el antivirus del videojuego en auxilio del protagonista. ¿Y quién podría ser este guardián sino un limo, el monstruito más representativo e icónico de la saga Dragon Quest? Sorprende ver cómo un detalle tan sencillo como este puede sentirse como un homenaje tan potente y respetuoso para una saga que en Japón (país donde se ha producido la película) es un auténtico fenómeno de masas y forma parte de la cultura popular desde su primera entrega.

Películas, series, libros, cómics, obras de teatro, canciones, óperas, esculturas, musicales, viñetas, cuadros… Casi cualquier producto creativo busca cautivar a su público y, a través de las herramientas de las que disponga, sacarle de su mundo durante un breve periodo de tiempo y abstraerlo para que experimente todo tipo de nuevas sensaciones sin moverse del sitio. Un videojuego, le pese a quien le pese, también es un producto cultural y también es capaz de hacer esto y esta película rompe una lanza para que se reconozca el lugar que los videojuegos merecen.

Dragon Quest: Your Story trata con respeto y mimo la saga en la que se basa, conoce la importancia que tiene para sus seguidores y consigue trasladar esa emoción a la pantalla tanto si uno es fan de la franquicia como si no. La película es un viaje y, como todo viaje, también una aventura.



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