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Habilidades: tres campeones y Sabonis, en un concurso que ya es un clásico



El concurso de habilidades tiene la desenfadada virtud de que no se toma demasiado en serio a sí mismo. Y consigue, al menos en directo desde las gradas del pabellón, generar una diversión insustancial y por eso con un toque atractivo que no se traslada demasiado bien a la producción televisiva. Seguramente ese ha sido su secreto para establecerse ya, casi cuesta creerlo, como un clásico del All Star Weekend que cumple en Chicago 18 ediciones (se estrenó en 2003).

No en vano, solo los icónicos concursos de mates y triples han cumplido dos décadas en un fin de semana que ha ido probando y desechando muchas ideas, unas pocas buenas y la mayoría regulares. Siendo generosos. El viejo partido entre leyendas retiradas de la NBA (se disputó de 1983 a 1994) pasó a mejor vida porque solía acabar acompañado de un rosario de lesiones entre cuarentones muchas veces en cuestionable condición física. En 2002 y 2003 se hicieron (Hoots It Up) duelos de 3×3 con equipos que mezclaban jugadores retirados, jugadoras de la WNBA y personajes del famoseo, un anticipo del actual y ya también asentado Celebrity Game. El 2Ball Contest, tal vez la peor idea de todas (1998, 2000 y 2001) enfrentaba a equipos de cada ciudad con jugadores de sus franquicias NBA y WNBA en una serie de tiros que tenían distinto valor según la posición. Fue un feo intento de sustituir en 1998 al concurso de mates, que no se celebró ese año después de que 1997 (ganó el ahora recordado Kobe Bryant) rematara lo que era una evidente deriva atroz para lo que antes había sido una de las grandes citas del año (menos imaginación, menos estrellas implicadas…). El 2Ball dio paso, en una evolución algo más positiva (lo contrario era difícil), al Shooting Stars (2004-15), que medía también por ciudades y en un concurso de tiro a equipos con, en cada caso, un jugador NBA, una WNBA y una leyenda retirada. Finalmente en 2009 y 2010, también ha quedado (por suerte) sepultado en la letra pequeña de la historia de los All Star, se probó una versión del callejero H-O-R-S-E (anotar o sumar letra) en la que los jugadores o no ponían ningún interés o ponían demasiado y no había forma de que fallara. En todo caso, un tostón. Y otro fiasco.

Contra todo eso, el concurso de habilidades cuenta a su favor con cierta gracia (el interés de lo sencillito) y ritmo, factores decisivos para convertirlo en un aperitivo liviano pero que cumple con su cometido. Lo han ganado grandes como Wade, Nash, Rose, Curry, Lillard, Baron Davis y Jason Kidd (el primero, en 2003) y en los últimos años han echado pimienta, aunque sea de fondo, algunos de los grandes ejes de la NBA en los últimos años: la explosión del jugador europeo y la evolución radical de los hombres altos (esta vez están Adebayo, Domantas Sabonis y Pascal Siakam), capaces ahora de enfrentarse directamente a los bases y ganar dos veces seguidas (Towns y Porzingis) en un en evento que Dinwiddie recuperó en 2018 para los pequeños y Jayson Tatum se impuso el año pasado, en Charlotte. Ambos estarán en el concurso de hoy junto a otro campeón, Patrick Beverley, natural de Chicago y ganador en 2015.

Duelos en tres rondas de eliminación directa en un circuito que prueba a los jugadores NBA en cuestiones tan básicas para ellos como dribbling, pase, agilidad y tiro. El concurso de habilidades llega a Chicago asentado, habituado ya a tener excelentes carteles de participantes y con pinta de llegar a esas críticas dos décadas (las cumpliría en Cleveland 2022) que le convertirían, quién iba a decirlo, en un clásico más de los All Star.



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